Consecuencias invisibles del 11S por el amianto en las Torres Gemelas
El 11 de septiembre de 2001 es una fecha que cambió la historia contemporánea.
Más allá del profundo impacto humano y geopolítico inmediato, el colapso de las Torres Gemelas del World Trade Center generó un desafío de salud pública y medioambiental sin precedentes en una zona urbana densamente poblada como es Nueva York.
Desde nuestro equipo de especialistas en retirada y gestión del amianto, queremos abordar este suceso desde el más absoluto respeto, analizándolo desde una perspectiva puramente informativa y de prevención, para entender cómo la presencia de materiales peligrosos en la construcción afectó a miles de personas.

Uso de fibrocemento con amianto en la construcción del World Trade Center
Cuando se diseñaron las Torres Gemelas a finales de la década de 1960, la normativa sobre materiales de construcción era muy diferente a la actual.
Para proteger la colosal estructura de acero de posibles incendios, se aplicó una gruesa capa de material ignífugo proyectado.
Durante los primeros años de construcción, se estima que se utilizaron cientos de toneladas de una mezcla de fibrocemento que contenía crisotilo.
Aunque el uso se paralizó a mitad de la obra debido a las primeras advertencias científicas sobre su toxicidad, las fibras de asbesto ya habían quedado sellado en las entrañas del edificio.
Antes de seguir leyendo, por si te interesa conocer más sobre cómo este material pasó de ser un estándar en la construcción a su prohibición total, puedes leer nuestro artículo sobre la historia del amianto.
La composición de la nube de polvo tras el colapso de las Torres, una mezcla compleja
El colapso de las estructuras pulverizó, de forma instantánea, toneladas de materiales.
Es importante aclarar que la densa nube que cubrió el bajo Manhattan no estaba compuesta únicamente por materiales de construcción fabricados a partir del mineral asbesto.
Se trataba de una mezcla extremadamente compleja que incluía:
- Hormigón triturado
- Vidrio pulverizado
- Plomo
- Cobre
- Restos de equipos electrónicos
- Combustible de aviación
La citada proyección de fibrocemento ignífugo con presencia de crisotilo, supuso un riesgo silencioso añadido.
Al someterse a la enorme energía del impacto de los grandes aviones y el posterior colapso del WTC 1 y 2, el asbesto de la mezcla se volvió altamente friable, liberando microfibras invisibles que quedaron suspendidas en el aire durante semanas y se infiltraron en los sistemas de ventilación de los edificios colindantes.
Entender este comportamiento es vital para la prevención técnica actual, un proceso que explicamos en detalle en cómo medir el amianto en el aire.
Consecuencias a largo plazo y la importancia de la prevención
El mayor aprendizaje técnico de este trágico suceso recae en la protección de los trabajadores de emergencias y desescombros.
En los primeros días, bomberos, policías, personal médico y miles de voluntarios trabajaron incansablemente sin los equipos de protección respiratoria adecuados (como las actuales mascarillas FFP3), priorizando el rescate por encima de su propia seguridad.
Hoy sabemos que la inhalación masiva de este polvo tóxico ha derivado en lo que la comunidad médica denomina «la tos del WTC» y en un incremento alarmante de patologías respiratorias crónicas con un largo periodo de latencia.
Si deseas información clínica sobre estas afecciones, puedes consultar nuestra guía sobre una de las enfermedades del amianto, el mesotelioma.
Este hecho histórico subraya por qué en la actualidad, ante cualquier derribo o colapso estructural, la normativa de prevención de riesgos laborales y la correcta gestión de residuos peligrosos es innegociable.
Conocer de qué materiales se componen nuestros edificios, es el primer paso para proteger la salud pública.
Nuestro recuerdo a las víctimas y afectados
En AST Amianto trabajamos a diario gestionando riesgos invisibles, pero hay realidades que no podemos ni debemos pasar por alto.
Casi 25 años después, queremos dedicar el cierre de este artículo a rendir un sincero homenaje a todas las víctimas y a las familias que perdieron a un ser querido en aquel fatídico día.
Su memoria sigue, y seguirá, siempre presente.
Del mismo modo, enviamos nuestro más profundo respeto y aliento a los miles de rescatistas, voluntarios y ciudadanos que, a día de hoy, siguen sufriendo las secuelas físicas y emocionales derivadas de aquellas semanas de esfuerzo desinteresado.
Aprender de lo sucedido y mejorar los estándares de prevención de riesgos es la mejor forma de honrar su memoria.